ME RESULTAS A VECES EXCESIVAMENTE INCÓMODA
Cuando alguien me molesta con su forma de hablar, con un comentario no lo digo, me lo quedo, y al paso del rato esa persona se percata que aquello que ha explicado no me ha sentado del todo bien. ¿Eso es ir a la defensiva? Yo no sé que responder a eso. No soy una persona impulsiva, y no voy a perder energía diciéndo a nadie lo que me gusta o lo que no me gusta.
Todo iba bonito, una convesación típica de enamorados, muy pegajosa, pero no me importaba, en aquel instante tenía la necesidad de hacerme querer y sentir la atención de la otra persona.
Cuando se me ocurrió que, el día que pueda vivir con mi pareja, “podríamos tener un hijo a cuatro patas, peludito”. A mi me gusta la raza Deckel, son unos salchica pequeños, preciosos. Y me dijo que mejor un San Bernardo. Respondí diciendo que para tener dicho perro, ya tengo uno, y no me hace falta tener otro. (Refiriéndome a ella)
Empezó llenándome la cabeza si tenía que dormir en una cesta, y bla, bla, bla… Como intuí por donde iba, le dije que el perrito sería el hombre de la casa, y me suelta: “Tendremos que castrarlo”, y le dije que ni hablar. Un perro lo tiene que tener todo, por eso quiero un perro y no una perra, que me puede llegar a casa preñada sin darme cuenta, y el problema sería después nuestro. Y no se le ocurre otra cosa que decirme: “¿Eres como ese tipo de personas?”, yo contesté diciendo que el perro lo quería entero, con todos sus miembros. Eso ya me sentó algo mal.
Seguí su juego, le dije que debería bañarlo ella, y me dijo que si, con manguera. Y por ahí no pasé, le dije que no. Si se pasaba con el perro, le haría lo mismo a ella, y contesta: “Vale, pero que la manguera no tenga mucha presión”, y le digo: “La justa y necesaria para que te levante la piel.” Y ahí se volvió a pasar leguas, y legunas con su respuesta. “Jajaja, entonces levantaré la pierna y me saldrá el chorro por la boca.” No supe que responder, me resultó muy basto.
No me sentía muy cómoda, pero preferí seguir, y me dijo: “No quiero que por culpa del perro esté en segundo plano.” Me dejó algo desencajada, en primer plano dentro de una casa está todo el mundo, en este caso sería ella, el perro y yo, los tres en primer plano. Y le dije que sería ella la que tendría que pasear al perro. “¿Y los mimos?” Me dice, le digo: “Enseñas al perro que te lama la cara, verás que bonito.” Ya se lo dije algo mosqueada.
Como ella seguía sin darse cuenta que aquello estaba molestándome decide seguir y más energética: “Bueno, no hace falta que hagas jornada intensiva, puedes patir la jornada.” Refiriéndose al perro y a ella. Ahí fue lo último: “Te estás pasando, y te estás riendo de mí, y eso no te lo consiento.” Y ahí todo fue, “lo siento”, “no lo hice con mala intención”, “es que soy así”, “tu también te tomas las cosas de una manera…”
Y así terminó una conversación que había empezado tan bonita…